Café

Comentarios de lo que veo, leo y escucho, mientras te tomas un café. Si no te gusta, puede ser un té verde, o un helado de vainilla.
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October 11, 2008
SCD = Sociedad de Cobradores y Desinformadores
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October 4, 2008
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De puro ocioso abrí GarageBand para probarlo, y me encantó. Es genial que un software tan completo venga incluido con mi equipo…

Aquí está la quinta canción que he hecho (una de las que más me gusta).

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August 9, 2008

Trabajos de Invierno

Una experiencia formativa importante dentro de lo que el colegio en donde estudio (el San Ignacio El Bosque) nos quiere entregar, son las instancias obligatorias que tenemos para mirar a la pobreza con otros ojos. No con una mirada de “oh, que pena ellos, tienen menos que nosotros”, sino de tal manera de que los miremos como una persona con sentimientos, problemas y de las cuales podemos aprender mucho.

En segundo medio nos tocan los Trabajos de Invierno, en donde toda la generación se va por cinco días a la comuna de Quinta Normal a construir Mediaguas o a forrar casas para que no les entre el frío.

A mi cuadrilla le tocó el forrado de la casa de la señora Gloria y del señor Manuel. Ellos nos acogieron desde el martes hasta el jueves en su casa, siempre alegres. Realmente me sentía muy bien con ellos, su casa estaba tenía una atmósfera muy agradable, en donde se notaba lo unida que era aquella familia. Tenían cinco hijos, uno de ellos de nuestra edad, quien trabajaba por las mañanas y estudiaba por las tardes. La tía Gloria nos contaba lo difícil que les había sido sacar adelante a su familia debido a su situación económica, pero que, poco a poco, iban saliendo adelante. Su padre, nos contaba ella sentados en su living de su casa mientras almorzábamos, no le había permitido a ella seguir en el colegio, por lo que debió abandonarlo en primero medio. Nos contaba que a ella le encantaba el colegio, y le iba excelente… ahora, mirando hacia atrás, imaginaba incluso que le hubiera sido posible sacar un título profesional. Pero lo que realmente me conmovió fue cuando ella nos contó que el año pasado ella había terminado su cuarto medio gracias a un programa del gobierno, y con excelentes notas. Ahora, el plan de la familia era abrir una libreta de ahorro para poder comprarse una casa. Me quedó marcado lo felices que eran ellos, lo que me demuestra que realmente lo material no vale nada, va y viene…

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July 6, 2008

Últimamente

Bueno, al fin se acabaron las clases. Ahora se viene la “Semana Ignaciana” (alias Semana del Colegio), al fin un relajo luego de un mes con pruebas de síntesis. Fue un semestre súper intenso; un enero trabajando en el robot para la competencia, un marzo con vuelta a clases, abril con el viaje a Atlanta, mayo, junio, bueno, en esos meses tuve que ponerme al día, y junio con el viaje a Paranal. De este último quería referirme en este post: el otro premio que teníamos por ganar el nacional de la FIRST Lego League, era una estadía para todos en el hotel del observatorio Paranal. Yo venía escuchando hablar en programas del Discovery Channel hace años sobre este telescopio que se iba a construir en Chile, por lo que cuando supe que iríamos, supuse que sería increíble.

Me vinieron a buscar en taxi a las 6:30 am, y partimos inmediatamente al aeropuerto, donde me encontré con el resto de mi equipo, y con Valentina Rodríguez, la encargada de las visitas de prensa en la ESO (European Southern Observatory), quien, en este caso, nos acompañó allá. Nuestro avión partió a las 7:30 am en dirección a Antofagasta. Por primera vez pude ver a Santiago desde ese punto de vista, pero, por mala suerte, me tocó el lado en que llegaba todo el sol, por lo que tuve que cerrar la ventana por casi todo el viaje.

Cuando llegamos a Antofagasta, una van nos estaba esperando para llevarnos al observatorio: dos horas y media de viaje en auto!  No tenía idea de que quedaba tan lejos. Una cosa que me sorprendió de este viaje es que inmediatamente al subirnos nos dieron una botella de agua. “Para no deshidratarse”, nos dijeron, puesto que en Paranal la humedad es, en promedio, del 20%.

Cuando llegamos a la residencia de Paranal me costó creer que estuviéramos en la mitad del desierto. La construcción, escondida bajo el subsuelo para que la luz no interfiera con los telescopios, era impresionante. Tenía por lo menos 100 habitaciones, y en el hall central había una piscina temperada rodeada de palmeras de más de 5 metros. Ahí adentro claramente la intención era aumentar la humedad, puesto que era algo sofocante, pero luego de estar en el desierto más seco del mundo por un rato, se agradecía mucho.

La comida ahí era de primera, y luego de realizar el típico tour que le hacen a todo el mundo, nos llevaron a lo exclusivo: subimos a ver a los telescopios, que se ubican a, por lo menos, un kilometro de distancia de la residencia. Cuando llegamos arriba nunca pensé que el viento iba a ser fuerte, así que casi se me vuela el casco de seguridad que teníamos en la cabeza.

Los telescopios más grandes, los VLT, son 4. Hay uno un poco más pequeño auxiliar y otros 4 chicos, pero tienen la gracia que se pueden mover sobre rieles. Los VLT tienen unos espejos de 8,2 metros, y sólo cuando entramos nos dimos cuenta que eran los espejos más grandes del mundo.

Volvimos, ya habiendo obscurecido, a la residencia. Nos bañamos en la piscina un rato, y después nos fuimos a comer. La gracia del casino era que hasta podías sacar helados de cono cuando quisieras… porque siempre hay alguien que va a almorzar a alguna hora: los ingenieros de día, y los astrónomos de noche.

Volvimos de noche a los telescopios, pero ahora nos dirigimos al centro de control, en donde conocimos gente increíble y pudimos observar a astrónomos de verdad utilizando estos tremendos telescopios.

Esa noche me costó quedarme dormido por la falta de humedad en el aire… la nariz la tenía completamente seca, y si no fuera porque en el frigobar uno podía sacar todos los líquidos que quisiera sin pagar, no hubiera dormido nada.

Al día siguiente conocimos el gimnasio y el lugar en donde se limpian los espejos… caminamos por el sendero “Star Track” (el cual nosotros lo bautizamos como “Star Trek”), que recorría desde los telescopios, hasta la residencia, almorzamos, volvimos a Antofagasta, fuimos a ver la portada, y nos volvimos a Santiago. En el vuelo me tuve que ir estudiando física, porque tenía prueba de síntesis al día siguiente. Estuvo muy turbulento el viaje, por lo que no pude concentrarme mucho, pero igual me fue bien en la prueba.

La verdad es que me quedó gustando la vida de astrónomo allá en Paranal; tienen de todo (si, tiempo también, cosa que le falta a muchos acá en Santiago). Hace rato estoy con la idea estudiar Astrofísica, mi otra alternativa es Derecho, nada que ver uno con el otro (aunque estoy abierto a ver otras opciones). Por suerte me quedan todavía dos años para decidir…

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June 11, 2008

FLL World Festival - Atlanta

Definitivamente la mejor experiencia de mi vida hasta el momento: el haber participado en un concurso de robótica internacional con personas de todo el mundo, reunidas en Atlanta, EEUU. Aquí dejo lo que escribí para la página de mi colegio (sorry por lo largo, pero es que en realidad hicimos muchas cosas, y podría escribir mucho más :P):

“Los recuerdos del equipo MediaLab 108, del cual formo parte, no se limitarán jamás solamente a lo que vivimos dentro de los Estados Unidos, sino que abarcarán cada una de las situaciones que confluyeron en el viaje. De hecho, ahora, mirando hacia atrás, me he dado cuenta de lo largo del proceso.

Todo comenzó en el año 2005, cuando la Universidad Andrés Bello organizó el Primer Interescolar de Robótica, o IER-UNAB, como ellos le llamaron. Nunca antes había existido en Chile un concurso que permitiera, a alumnos de todo Santiago, aprender sobre cómo diseñar, armar y programar un robot. El colegio participó, y obtuvo, para nuestra sorpresa, el premio de Mejor Diseño de Robot. La historia no finalizó ahí, y al año siguiente, el premio fue el Primer Lugar.

Mientras tanto, nuestro profesor de robótica que ayudaba a Pablo Torres aquellos tiempos, Gustavo Brinck, nos mostraba videos de un concurso que se realizaba cada año en Atlanta, Estados Unidos, en el cual participaban personas de todo el mundo. Para nosotros, habituados a los concursos de la UNAB , los cuales se realizan en la Biblioteca del Campus Casona de Las Condes, ver que un torneo de robótica se realizaba en un estadio repleto de personas de todo el mundo, era algo muy sobrecogedor. De hecho, dado que para participar debíamos primero ser campeones de nuestro país, y que, además, este no se realizaba en Chile, nos conformábamos sólo con soñar en lo maravilloso de ello.

Este evento se nos había olvidado, hasta que oímos decir de Pablo que, a fines de 2007, se iba a realizar la FIRST Lego League en Chile. Jamás la relacioné con los videos de Gustavo, hasta ahora, pero se notaba que la experiencia sería muy interesante, así que el colegio participó con dos equipos. Uno dirigido por Pablo, y otro por el profesor Roberto Rubio. Trabajamos construyendo y programando un robot por casi mes y medio, hasta que vino el momento de la competencia Regional. Obtuvimos el segundo lugar, y el derecho de participar en la final nacional mientras que el otro equipo fue destacado con el premio “Venciendo a la Adversidad “. Otro mes de trabajo, y ya había llegado diciembre.

Dos días después de salir de clases, un domingo 9 de diciembre por la mañana, nos dirigimos al Colegio Alemán a competir. Fue tal nuestra sorpresa, cuando, a las 6 de la tarde, nos otorgaron el primer lugar, que, cuando el animador del evento dijo “MediaLab 108” , nos quedamos sentados sin decir nada por casi treinta segundos. ¡Éramos campeones nacionales! ¡Podíamos ir a Atlanta representando a Chile! Luego, la preparación, y el trabajo que debimos realizar, fue mucho más intenso. De partida, nuestro trabajo continuó en diciembre, hasta mediados de enero, y luego todo marzo. Por mucho tiempo, de hecho hasta mediados de marzo, nuestro viaje caminaba en la cuerda floja: no habíamos logrado encontrar ningún auspicio. En ese momento, nuestro único sponsor era Sigma, una empresa del grupo Copec, pero todo lo demás eran simples conversaciones, y, con lo que teníamos, no podíamos llevar al equipo completo. Organizamos una rifa, la que sirvió para costear el alojamiento, y, como si fuera magia, llegaron más auspiciadores. Al auspicio de Sigma, se le añadió el de ABB, Microsoft, Adexus y el del Centro de Padres gracias a los cuales logramos partir de Santiago el 15 de abril en dirección a Atlanta.

Llegamos a las 10 de la mañana, cansados, puesto que era muy difícil dormir bien en el 767 de Lan, el cual tenía una pantalla táctil por asiento, irresistible para nosotros, en las cuales podíamos elegir entre las veinte películas, quince series de televisión y quinientas canciones que ofrecía. En el aeropuerto de ciudad norteamericana de Miami, desorientados, buscamos nuestras maletas recorriendo la mitad del aeropuerto, caminando en un estado semi-zombie debido al sueño. Luego debimos recurrir a nuestro mejor inglés para comprar la tarjeta Brezee, equivalente a la Bip ! santiaguina. El sistema de transportes de Atlanta, llamado MARTA, era algo antiguo, pero aún así expedito, y nos sirvió muchísimo. Pablo sabía que nuestro Hostal se encontraba en la estación “North 3” , y nosotros, aún en el Aeropuerto, estábamos en la “South 8” , así que claramente estábamos lejos de nuestro destino final. Tomamos el metro sin ningún problema, y desde ese punto ya nos encontrábamos con personas que se ponían a conversar con nosotros, cosa no común en nuestra ciudad, preguntándonos de dónde veníamos, e interesándose profundamente en nuestro país.

Nuestro lugar de alojamiento en Atlanta no eran los espectaculares hoteles construidos para los juegos olímpicos del ‘96, como el Hyatt y el Marriot, sino un pequeño hostal ubicado en el Midtown. No se destacaba por ser un lugar muy bonito, pero era de todas formas muy interesante, y quedarnos ahí fue un elemento que marcó nuestro viaje. Dentro de las gracias de quedarse en un hostal, en vez de en un hotel, es que existe una sala común compartida por todos, y es un buen lugar para sentarse a conversar con personas de todo el mundo. Personalmente conocimos varios estadounidenses (desde un veinteañero que le encantaba intentar decir palabras de subido tono en un español chamullado, hasta una señora de sesenta años que trabajó en la Universidad de Arizona), un francés, una joven de Singapur, y hasta un egresado de la generación del 2000 de nuestro colegio, llamado Martín Bravo.

Me he desviado un poco, pero creo que es bueno que conozcan todo el contexto que rodeaba lo más importante, el concurso en sí, del cual me refiero a continuación. Luego de ir a dejar nuestras maletas al hostal, ese ya pasado miércoles 16 de abril, nos debimos dirigir inmediatamente al concurso. Este se realizaba en el Georgia World Congress Center (GWCC), y en el Georgia Dome. La verdad es que ambos están uno al lado del otro, dado que fueron construidos para albergar a los Juegos Olímpicos realizados en Atlanta en 1996. Esperamos un rato en el GWCC mientras Pablo se ocupaba de los trámites de registro y el equipo se sentó cerca de una de las entradas. Era genial ver cómo llegaba gente de absolutamente todo el mundo. Muchos norteamericanos, sí, pero también chinos, peruanos, españoles, indios (de la India , por si acaso), alemanes, jordanos, y un larguísimo etcétera. Una vez inscritos, nos anunciaron que podíamos entrar a los “Pits”, como llamaban al lugar en donde cada equipo tenía un stand para guardar su robot y para decorar a su gusto.

La verdad es que cuando llegamos y nos dimos cuenta de lo producido que eran los otros equipos quedamos sin habla: lienzos, cartones, e incluso una pequeña carpa daban alegremente información sobre el país (o de el estado, en el caso de los equipos norteamericanos) de los diferentes equipos competidores. Nosotros habíamos llevado unas pequeñas cartulinas y la bandera de Chile, mientras que otros equipos pasaban regalando piedras que cambian de color con el sol, especialidad de Texas, o chocolates, o tarjetas personalizadas para cada uno de los ochenta equipos en competencia. Todo era increíble. Era de ensueño. Era impresionante. Había personas de todo el mundo conversando sobre lo que quisieras escuchar. Todos unidos por un ideal común: la ciencia, la tecnología y la robótica. En ese momento nos pusimos algo nerviosos por lo precario de nuestro stand, pero luego nos enfocamos en pasarlo bien, contentándonos con decirnos a nosotros mismos que era un concurso de Robótica, no una feria para promocionar a Chile (aunque hubiera sido genial haberlo hecho, el otro equipo de Chile, de la Fundación Nuestros Hijos, tenía un stand que no tenía nada que envidiarle a ningún otro, excepto tal vez, al que tenía la carpa).

Aun así, decenas de personas se acercaban a nosotros a conversar un rato, y a regalarnos todo tipo de cosas de alrededor del globo. Nosotros en ese aspecto estábamos más preparados; habíamos llevado llaveros de los cincuenta años del colegio, calcomanías para el auto (también de los cincuenta años), y banderines del colegio. Era genial ver personas de todo el mundo portando los banderines que rezaban “Colegio San Ignacio”. Creo que por ahí hay una foto del equipo alemán con una en la espalda…

Llegamos al hostal como a las 6 de la tarde, realizamos el check-in que no habíamos podido hacer antes, y nos echamos a dormir en nuestra habitación. Al día siguiente sólo había que ir a probar al robot y a presentarse a diversas entrevistas con los jueces, para que pudieran evaluar el trabajo en equipo, una pequeña investigación sobre energías renovables, y el diseño y programación del robot. Fue un día tranquilo, en el cual pudimos conocer aún más a los otros participantes durante una pequeña fiesta que se realizó en el Parque de los Juegos Olímpicos, el cual incluía helados gratis y los distintos equipos podían realizar un breve show sobre lo que quisieran: hubo bailes, canciones y obras de teatro, se destacaron los equipos de Hawai y Alemania, que hicieron bailar a todo el mundo y los chicos de Singapur, que además de bailar hacían magia.

El día crítico fue el viernes, donde lo más importante era la competencia del robot, que se realizaba en el Georgia Dome, un gran estadio de fútbol americano habilitado para la competencia. Nuestro robot tuvo algunos problemas, que tratamos de resolver en los intervalos que teníamos entre cada “match”. En el día teníamos un total de tres partidos, en los cuales debíamos tratar de realizar el máximo puntaje posible con nuestro robot. Este debía venir listo desde Santiago, por si no sabían, y en tan sólo dos minutos y medio debía realizar 14 pruebas. Puede ser que nuestro robot no haya sido el mejor de todos, pero supimos que habíamos realizado algo bien cuando nos llamaron a una segunda reunión con los jueces que evaluaban el trabajo en equipo, para preguntarnos más detalles. Ese mismo día, en la tarde, fue la premiación del concurso. Obtuvimos una Mención Honrosa en Trabajo en Equipo (ven, ¡si somos adivinos!), con la cual quedamos muy felices. El otro equipo de Chile obtuvo un premio, gracias a su excelente unidad de equipo. En resumen, no dejamos mal parado a Chile, sino todo lo contrario; nos hicimos amigos de personas de todo el mundo, de las cuales cabe destacar el equipo de México.

Esa noche tuvimos la oportunidad de conocer el acuario de Atlanta. Era gigantesco, por lo que no lo pudimos recorrer completamente, nos pidieron amablemente que saliéramos porque iban a cerrar. Aún así, era maravilloso poder ver a un enorme tiburón ballena, a gelatinosas medusas de colores y a gigantescos cardúmenes de pequeñísimos peces y que decir de las ballenas belugas, que se movían cuales espectros en aguas azules oscuras.

Al día siguiente nos juntamos con el otro equipo chileno para planear una ida al parque de diversiones “Six Flags Over Georgia”, y también para ir más tarde a otra fiesta organizada por el concurso, la cual incluía comida de verdad (nosotros habíamos vivido, hasta el momento, comiendo pura comida chatarra), fuegos artificiales y toboganes inflables gigantes, música, espectáculos de magia, chistes gringos y musicales al estilo de stomp! que finalizón en un show de fuegos artificiales.

Como mencioné previamente, el día domingo nos dirigimos con otro el equipo chileno al parque de diversiones el cual incluía casi quince mareadoras e increíbles montañas rusas. Nosotros creíamos que, al igual que el equipo de la Fundación Nuestros Hijos, teníamos que volver a Chile ese día. Sin embargo, fue en ese momento cuando Pablo reveló la sorpresa: ¡nos quedábamos hasta el miércoles en Atlanta! (bueno, nosotros ya lo sospechábamos!).

El día lunes visitamos al Lenox Square, el mall más grande de Atlanta, en donde algunos miembros del equipo compraron algunos interesantes e irresistibles elementos tecnológicos. En la tarde nos dedicamos a simplemente jugar con ellos, para descansar un poco. Esa noche nos quedamos dormidos viendo una serie de televisión completamente geek (The attack of the killers tomatoes!).

Ya más descansados, el día martes nos convertimos en turistas y nos dirigimos al museo de la Coca-Cola. La construcción, ubicada en el Parque de los Juegos Olímpicos, era genial. En la primera sala hay una recopilación de distintas publicidades de la Coca-Cola de todo el mundo, y la que estaba más cerca de la entrada decía “Bienvenido al lado Coca-Cola de Plaza Italia”, con una bandera de Chile arriba. Luego uno pasaba a un gran hall donde podías visitar a las distintas exposiciones; desde como se hace la famosa Coca-Cola, hasta una sala donde puedes probar todas las bebidas que hace la empresa en los diferentes países. Sorprendentemente estaba Chile ahí también, aunque la bebida que nos representaba no la había visto en toda mi vida. Era rica, tenía el sabor de la manzana roja, por lo menos no nos dejaba mal, como era el caso de Italia, que tenía una bebida con un sabor horrible. También podías probar variantes de la “Coke” el nombre que le dan allá; como la Coca-Cola de Vainilla, o la Cherry. En el equipo hubo opiniones diversas sobre cada una de ellas, pero, al menos yo, me quedo con la normal.

Saliendo del museo, nos dirigimos a almorzar y luego a hacer el tour de la CNN. La verdad es que después de la Coca-Cola , la CNN se hizo algo monótona, pero igual es entretenido ver el mismo estudio que transmite luego las noticias de todo el mundo. Esa tarde volvimos al Lenox Square a comprar algunas cosas que se nos habían olvidado.

Finalmente, el miércoles fue un día más tranquilo. Partimos al aeropuerto antes de almorzar, y llegamos a Santiago, luego de hacer escala en Miami, más o menos un cuarto para las seis de la mañana del día jueves.

En resumen, creo que aún no logramos dimensionar todo lo que aprendimos gracias a lo vivido. Fue una experiencia tan maravillosa que quedará marcada en nuestra memoria por toda la vida. Espero que éste sea un pequeño testimonio que demuestre que, si uno trabaja con entusiasmo, haciendo las cosas bien y siendo constante se puede lograr cualquier cosa que nos propongamos, los grandes sueños con esfuerzo y ganas se pueden cumplir…”

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April 2, 2008
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Escuche el Mococast todos los viernes a las 10, en Mococast.org!

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March 31, 2008
First Lego League en “El Mercurio” (via mi Flickr)

First Lego League en “El Mercurio” (via mi Flickr)

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February 18, 2008

¡Amo las vacaciones!

 -Canopy cerca de Frutillar. 

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January 29, 2008
Cumplí al fin 16. No sé si temía ese momento, o lo esperaba con ansias, pero bueno, no me siento muy diferente a cuando tenía 15… bueno, un poco más viejo ;)

Cumplí al fin 16. No sé si temía ese momento, o lo esperaba con ansias, pero bueno, no me siento muy diferente a cuando tenía 15… bueno, un poco más viejo ;)

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January 10, 2008

¿Vlog?

Siempre (bueno, desde los 10 años) soñé con tener un sitio web personal. En esa época lo hubiera hecho en Flash 4 (no cachaba ni HTML ni CSS), y no creo que lo hubiera podido actualizar mucho, porque no tenía internet en mi casa, con suerte tenía el colegio y la oficina de mi papá. Con la idea rondando en mi cabeza, me dí cuenta, al momento de saber que rayos era un blog, lo útil que era, y lo que se parecía a mi permanente idea de cabro chico.

Así que tomé lapiz y papel para hacer diversos bocetos de mi posible página blog. La verdad es que ninguno de ellos me convence mucho ahora, pero bueno, cuando tenga algún minuto retomaré mi trabajo de diseñador.

Sin embargo, necesito algún lugar donde guardar mi sitio. Por mucho tiempo pensé en usar el hosting de mi papá, pero la verdad es que es de su empresa, así que mejor comencé a buscar uno propio. No necesito mucho espacio, pero si PHP, MySql y Ruby on Rails. El primero no lo sé usar, pero Wordpress está escrito en él. Y Ruby on Rails lo encuentro genial para crear aplicaciones basadas en web, algo que me gusta hacer y con el cual, de alguna manera, me gano algunos pesos. Así que llegué a HostBuster. Bueno, bonito, barato y b…confiable.

Ese sería un buen regalo de cumpleaños, ejem ejem, papá, para ver si llega el Vlog (Vigle’s Blog, Vicho Iglesias Blog o Vicros Blog, da lo mismo, tengo tres nicks, aunque el primero me gusta más :D).

Ya veré como lo hago con el nombre de dominio… 

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